¿Estamos repitiendo la historia? Las horas extras de hoy pueden ser la distribución irregular de mañana

En los últimos días la empresa ha comenzado a ofrecer la posibilidad de abrir determinados centros de trabajo una hora antes de su horario habitual, e incluso prestar servicio algunos sábados, mediante la realización de horas extraordinarias voluntarias.

Desde SRT respetamos absolutamente la decisión de cada trabajador. Cada persona es libre de aceptar o no realizar horas extraordinarias y nadie puede ser cuestionado por ello.

Pero precisamente porque respetamos esa libertad, creemos que también es nuestra obligación explicar qué consecuencias pueden tener determinadas decisiones para el futuro del conjunto de la plantilla.

Porque esta historia ya la hemos vivido.

  • La historia del mes de agosto

Hace años la empresa empezó exactamente igual. Necesitaba abrir durante el mes de agosto para absorber un mayor volumen de inspecciones y recurrió a un sistema sencillo: ofrecer horas extraordinarias voluntarias.

Aquellas horas estaban muy bien remuneradas. En algunos casos llegaron incluso a pagarse al equivalente de tres veces el valor de una hora ordinaria. Muchos trabajadores decidieron realizarlas. Era lógico, eran voluntarias, se cobraban y quien no quería hacerlas, simplemente no las hacía.

Pero mientras aquello ocurría, también sucedía otra cosa mucho más importante.

La empresa fue consolidando un nuevo modelo de prestación del servicio. Cada año aumentaban las inspecciones realizadas en agosto, los usuarios se acostumbraban a ese nuevo funcionamiento y aquella actividad, que inicialmente era extraordinaria, acabó convirtiéndose en una necesidad permanente.

Cuando esa necesidad ya estaba creada, desaparecieron las horas extraordinarias.

Y apareció la distribución irregular de la jornada. Lo que antes era voluntario pasó a ser obligatorio. Lo que antes se pagaba dejó de pagarse como horas extraordinarias. Y lo que inicialmente parecía una medida puntual terminó incorporándose al Convenio Colectivo como una obligación para toda la plantilla.

  • Hoy volvemos a encontrarnos ante una situación muy parecida

Ahora la empresa pretende abrir determinados centros una hora antes e incluso ampliar la actividad determinados sábados utilizando nuevamente horas extraordinarias voluntarias.

La pregunta no es si esas horas se pagan, la pregunta es mucho más importante.

¿Qué ocurrirá si dentro de unos años ese nuevo horario genera un incremento estable del número de inspecciones?

¿Se volverá a decir que existe una necesidad organizativa?

¿Se volverá a plantear que el Convenio Colectivo debe adaptarse a esa nueva realidad?

No podemos afirmar que vaya a suceder. Pero tampoco podemos ignorar que exactamente así comenzó la historia de las horas flex.

  • Crear primero la necesidad para justificar después el cambio

La experiencia demuestra que muchas modificaciones importantes de las condiciones de trabajo no aparecen de un día para otro. Primero se implantan de manera voluntaria, después se consolidan, más tarde pasan a considerarse imprescindibles y finalmente terminan incorporándose al convenio colectivo como obligaciones generales.

No es una teoría. Es exactamente lo que ocurrió con la distribución irregular de la jornada que hoy conocemos.

  • Aprender del pasado para proteger el futuro

Desde SRT no pretendemos decir a nadie lo que debe hacer. Lo que sí queremos es invitar a toda la plantilla a reflexionar porque hace años muchos pensaban que aquellas horas extraordinarias de agosto nunca tendrían consecuencias y las tuvieron. Hoy volvemos a encontrarnos ante una situación que presenta muchas similitudes y quizá no ocurra lo mismo o quizá sí.

Pero si la experiencia nos ha enseñado algo es que las grandes modificaciones de nuestras condiciones de trabajo rara vez empiezan siendo obligatorias, empiezan siendo voluntarias y cuando la necesidad ya está creada, lo que ayer era una opción acaba convirtiéndose en una obligación para todos. Por eso, antes de pensar únicamente en las horas extraordinarias de hoy, conviene preguntarnos cómo queremos que sea nuestro convenio colectivo dentro de cinco o diez años. Porque defender nuestros derechos no consiste solo en reaccionar cuando ya los hemos perdido, también consiste en ser capaces de reconocer, a tiempo, cómo empiezan a perderse.